
Durante décadas, beber alcohol fue casi un rito de paso en la adolescencia y la vida universitaria. Hoy, esa norma está cambiando. La Generación Z consume alrededor de un 20% menos alcohol per cápita que Millennials o Boomers. En Estados Unidos, el 35,8% de los adultos de la Generación Z se identifican como abstinentes. ConEspuma
No se trata de una moda pasajera: los datos muestran un cambio estructural en la relación que los jóvenes tienen con el alcohol.
Los datos confirman la tendencia: los jóvenes beben menos
Los números hablan por sí solos, y señalan en una única dirección: hacia abajo.
Una caída sostenida en distintos países
En España se ha producido un descenso del consumo de alcohol del 13,3% entre personas de 18 a 24 años y del 10,15% entre los de 25 a 34 años. Un estudio sobre hábitos de consumo de bebidas alcohólicas entre jóvenes españoles de 2023 concluye que el 53,6% —más de la mitad— afirma haber reducido su ingesta de alcohol.

En México, la tendencia también es a la baja. Según la ENCODAT 2025, el consumo entre adolescentes de 12 a 17 años cayó del 15,2% al 6,3%. En Europa, la OMS reporta una disminución del 10% en la última década. Siete24
La Generación Z es la más sobria de la historia reciente
Un 64% de la Generación Z espera beber menos en su vida adulta que generaciones anteriores. Esta no es solo una estadística del presente: es una proyección de lo que viene. Infobae
Tres de cada diez estadounidenses mayores de 21 años no bebieron alcohol en 2023. Los Millennials redujeron su consumo un 40% en un solo año, pasando de un promedio de cuatro bebidas por semana a tres en 2024. Cambio16
Por qué los jóvenes deciden no beber
Las razones detrás de este cambio son múltiples y se refuerzan entre sí.

Salud, imagen y consciencia sobre el cuerpo
La principal causa del menor consumo de alcohol es el cambio de hábitos hacia una alimentación más saludable y el cuidado del aspecto físico. Los jóvenes son más conscientes y tienen en cuenta no solo las calorías del alcohol, sino también sus efectos en la piel, el sueño y el rendimiento físico. The Blue Dolphin Store
Las razones por las que optan por la sobriedad son concretas: no quieren beber, no les gusta el sabor, quieren mejorar su salud física y ahorrar dinero, ya que el consumo de alcohol no es económico. Cambio16
Redes sociales, economía y nuevas formas de socializar
Los hábitos tecnológicos también influyen. La Generación Z pasa más tiempo en línea y se socializa en persona con menos frecuencia, lo que naturalmente reduce las ocasiones para beber. The Rum Lab
El factor económico también pesa. La caída en el consumo de alcohol no se explica únicamente por cambios culturales. El precio de beber también se ha encarecido y, en ese contexto, el alcohol enfrenta un doble frente: cultural y económico. GBM Media
Cómo está respondiendo el mercado a este nuevo consumidor

La industria no puede ignorar a una generación entera que está dando la espalda a su producto principal.
El auge de las bebidas sin alcohol como respuesta
El mercado global de bebidas no alcohólicas alcanzó 1,41 billones de dólares en 2025 y se proyecta que crecerá hasta 2,85 billones en 2035. Las grandes marcas de cerveza y destilados están invirtiendo fuertemente en versiones 0% para no perder a este segmento de consumidores. ConEspuma
Lo que antes era un producto de nicho —la cerveza sin alcohol, el cóctel sin licor— se ha convertido en un sector estratégico para las principales compañías del mundo.
Una oportunidad disfrazada de crisis
Hay una serie de razones por las que los jóvenes deciden no beber, desde los beneficios para la salud hasta la curiosidad por otros productos del mercado. Las marcas de alcohol tradicionales ahora buscan cómo atraer a los llamados «sober curious».
El reto para la industria no es solo vender menos alcohol, sino entender a un consumidor que exige transparencia, salud y autenticidad en igual medida.
En conclusión, la tendencia de los jóvenes a beber menos alcohol no es una rebeldía pasajera: es una transformación cultural profunda impulsada por la salud, la economía, la información y nuevas formas de relacionarse. Entender por qué ocurre —y cómo evoluciona— es clave tanto para las industrias que deben adaptarse como para las políticas de salud pública que deben acompañarla.